
Chema Pérez-Tabernero Hernández-Rubio
Cuando nací un 30 de Abril de 1.970 ya era cazador. Yo aún no lo sabía, nadie aún me lo había contado pero mi genética, mi familia y mi entorno predestinaban de manera natural mi pasión por esta actividad que ha guiado mi vida desde ese instante. Un abuelo insuperable que en lugar de muñecos colocó una escopeta cruzada encima de la cuna de su nieto como primer regalo en su corta vida, claramente marcaban una vida cuya historia estaba por escribir, aunque sin ninguna duda con la caza como hilo conductor.
Todo un entorno, que aún no siendo cazadores comprendían la caza, una madre que animaba constantemente a llenar mi alma de cazador con las mejores palabras que siempre concluían en un «que lo paséis bien pero que no cacéis nada» y de la mano de un padre que es y sigue siendo mi compañero de caza del que no sólo he aprendido de la vida sino de la Naturaleza.
No cabe duda que he sido un afortunado y esa fortuna me ha ayudado a interpretar la vida en el campo acompañado de mi arco desde los 15 años o antes quizás, lo que me ha hecho sentir el romanticismo de la caza de una manera especial aprendiendo de la Naturaleza desde el profundo respeto que esta me merece.
